El expresionismo nació como una ruptura: una forma de pintar no lo que se ve, sino lo que se siente. A inicios del siglo XX, la figura se deformó, el color dejó de obedecer y la pincelada se volvió gesto. La pintura ya no describía el mundo, lo desbordaba.
Más que un estilo, fue un impulso: hacer visible lo que no tiene forma.
Desde esa apertura, esta muestra no busca recrear el expresionismo, sino reconocer cómo ese gesto se desplaza y se reinterpreta en el presente. Las y los artistas reunidos aquí no lo reproducen: lo traducen desde su propia experiencia.
En estas obras, los cuerpos se tensan y las formas se desbordan. El color irrumpe, carga la imagen, la vuelve emoción. La pincelada deja huella.
Cada pieza parece decir algo —no siempre de forma clara, pero sí insistente—. Como si el expresionismo no fuera un pasado, sino una memoria que continúa transformándose. Una intensidad que se desplaza, se adapta y vuelve a aparecer en otros lenguajes y contextos.
Entre gesto y emoción, la imagen se vuelve experiencia.
El formato pop up recoge esa condición. Las imágenes aparecen, dialogan y se disuelven.
Este no es un regreso, es un eco en movimiento.
Un encuentro visual que sucede ahora, y abre paso a otra experiencia.
~ Nadezhda Kathryn, 2026.