EPÍSTOLAS

Esta exposición se construye desde un proceso íntimo y sostenido, realizado en soledad, donde el dibujo se convierte en un espacio de confrontación entre control y desborde. Las obras exploran la figura humana no como entidad cerrada, sino como territorio de tensión emocional: entre la contención y la expresión, entre el orden impuesto y el caos que insiste en aparecer.
El proyecto no propone una narración lineal. Cada obra funciona como una carta silenciosa, una huella emocional detenida en el cuerpo, el gesto o el fragmento. No se trata de relatar hechos, sino de insistir sobre estados: residuos de vínculos, silencios que persisten, emociones que no se resuelven pero permanecen.
La dualidad atraviesa tanto la imagen como el proceso material. El uso combinado del grafito y el carboncillo responde a una decisión conceptual: la línea precisa y reflexiva convive con la mancha inestable y gestual. Esta fricción constante construye superficies donde ninguna fuerza termina de imponerse, reflejando una lucha interna entre medir y soltar, sostener y dejar que algo se quiebre.
Los cuerpos y rostros aparecen contenidos, desplazados o fragmentados. La fragmentación evita el retrato clásico y desplaza la atención hacia lo esencial: la carga emocional que permanece cuando la anécdota ha sido retirada. Incluso cuando la obra parte del autorretrato, la imagen deja de afirmar una identidad para convertirse en un cuerpo disponible, casi anónimo, capaz de alojar experiencias compartidas.
El proyecto transita entre la exposición y el aislamiento. En algunas obras, los cuerpos se agrupan hasta perder su individualidad; en otras, la figura queda sola, enfrentada a un espacio que no la acoge. El murmullo colectivo y el silencio individual operan como dos formas de presión: una externa, otra interna.
La serie Epístolas condensa este recorrido en imágenes mínimas: ojos que encarnan estados emocionales —dolor, esperanza, lucidez, ira, lamento y aceptación— no como etapas sucesivas, sino como presencias simultáneas. Cada una actúa como una carta no enviada, una confesión que no busca respuesta.
Formalmente, el uso de formatos no convencionales, como el triángulo, introduce una inestabilidad visual que refuerza la sensación de tensión y desequilibrio. La forma, como la emoción, se mantiene en un estado de equilibrio precario.
Epístolas no busca resolver el dolor ni ofrecer consuelo. Se sitúa en el espacio intermedio entre lo que se pierde y lo que permanece: allí donde el cuerpo recuerda, el silencio pesa y la imagen insiste.

~ Conde

Más Galerías

TERRITORIOS EFÍMEROS

CHILE | ARTE EN MOVIMIENTO

Fotografía de autor

28 de noviembre - 31 de diciembre 2025

Todo es imagen: Relecturas del Pop

Relecturas del Pop

Cartografías del tiempo

Arequipa Vanguardias

Temporalidad FUTURISTA